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AMOR Y MELOCOTONES


Aquella colcha verde desvaída
sobre las sábanas, ásperas y recias
tu cuerpo en mi cama del Studentenheim

Mañanas de Agosto en que me ofrecías
desayunos de té y melocotones
a la luz indecisa del sol alemán

Bávara y morena, pálida y delgada
de ojos grises y un nombre de seda
sedienta de amor, de tu andadura al alba

Me enseñaste a escuchar del ruiseñor
el canto nocturno en los jardines
del castillo, a seguir de Hölderlin

los pasos en el bosque del Odenwald
a perder mi corazón en Heidelberg
cumpliendo los augurios de una postal

Abrazados sobre el césped del río
regalándonos promesas inviables
que al abrir las esclusas se alejaban

siguiendo a los barcos, camino del mar
verano dulce, como melocotones
süsse Silke da bist du noch in meinem Herz.

ENCRUCIJADA


A veces, abatidos,
en una encrucijada, a cuestas con la vida,
todo deja de funcionar bruscamente
dentro de uno
mientras fuera
el tráfago infinito acelera ajeno su ritmo.
Inertes, la voluntad negada a hacer su teatro.
sin mover los dedos temblorosos
ni la cabeza, que ha dejado de ser guardián y juez,
la mirada sobre la moqueta de un café,

volvemos los ojos a otra parte.

Un junco,
movido por la brisa que acaricia los brazos,
nos recoge en la orilla y nos transporta
hacia el centro de un río que lentamente fluye.
Calma, vacío, silencio,
que sólo el latir suave, el hondo respirar, el rumor rompen,
cálida cataplasma, de donde me rehago
poco a poco, sin prisas, la voluntad parada,

retorno poco a poco, al ritmo de mis días.