
A veces
la vida amorosa es como una película de James Bond
una búsqueda incesante, a través de callejones angostos
con puertas entreabiertas, que no sabes si son salidas o trampas
siempre al acecho de lo inesperado
Una vida amorosa como un film de espias
con bombas traicioneras que te hacen despegar por los aires
balas o puñales que buscan perforarte el pecho
reuniones de sociedad, ojo avizor, para distinguir amigos de enemigos
mujeres de enormes ojos verdes que en cualquier momento
pueden ponerse de tu lado o pasarse al otro bando
con o sin la recurrida patada en la entrepierna
Una vida como una película de James Bond
menos el Aston Martin
donde debes tener los ojos bien abiertos, para ver por donde vienen los tiros
Noches con jóvenes de acento exótico, al otro lado de las velas
con oscuros planes para tí que no quieren revelar
mientras la pistola cargada se abulta entre tus muslos.
Y al final de cada misión
otra mujer, de pelo gris, te espera cada semana
para que le rindas cuentas
y ante la que debes confesar todo lo que salió mal
y cómo es que otra vez se te olvidó huir a tiempo
y te dejaste atrapar por los malos
sentimientos.